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Sobre Del Regreso más Esperado. El “Burrito” Ortega al Primer Equipo de River…, de Ricardo Piña.

Por Mario Verdugo

Frente al poemario de Piña, y dado el boom de los textos peloteros en la reciente FILSA, no sería del todo ocioso estirar las piernas pseudoteóricas o hacer un poco de ejercicio paracrítico en torno a los lazos entre literatura y fútbol. Si lo vemos por el lado de la situación del enunciador, habría que mencionar al menos seis escenarios posibles y no siempre capaces de satisfacer el requisito de la exclusión mutua: biblioteca, tribuna, galería, caseta radial, banca del director técnico y living de la casa. Villoro, por ejemplo, se me ocurre que tiene un pie en su biblioteca y otro en las tribunas del Camp Nou, Valdano pontifica desde el borde de la cancha pero con varios mamotretos a mano, Redolés la pica de relator AM (oír en ese ítem su clásico “Poetas muertos v/s Poetas vivos”) y Polhammer le da cierto aire de galucha –me temo– a su evocación de Jesús Trepiana en el Santa Laura. Esto de la evocación añade un segundo grado de complejidad a nuestro ya complejísimo ejercicio, puesto que se producen notorias anacronías entre el tiempo del discurso y lo que podríamos llamar el tiempo del partido: transmisiones en directo, transmisiones en diferido y transmisiones vintage a la manera de FoxSports o del mentado Polhammer. Moverse dentro de dicho abanico de alternativas –como sucede normalmente cuando de escribir se trata– puede desembocar en purgas ideológicas, en fraternidades engañosas y hasta en un par de premios modestos e impresentables en la solapa del próximo libro.

Ricardo Piña es de los que transmiten en vivo, aunque sin tomarse la molestia de ir al estadio. Su hablante comparte más de una característica con el Tano Pasman, ese majadero viral de hace algunos años. Ambos son hinchas ciclotímicos de River Plate, ambos pasan de la diatriba al sentimentalismo en cosa de segundos, ambos recurren a la coprolalia, ambos “dialogan” con un televisor. Pero donde Pasman peca de cabeza-de-pelota (mera emoción, pura monosemia), Piña amplía el horizonte y consigue poner los ojos más allá del Monumental de Núñez.

Dos personajes excéntricos o disidentes para su ámbito, Ariel Ortega el adicto y Ángel Cappa el intelectualoide, conforman el eje de una obra que se autodenomina “poema-crónica”, y que no deja de sumar digresiones a partir de los vaivenes del campeonato. Básicamente, Piña narra partidos. Partidos en los que River suele dar jugo. Desde tal anécdota, sin embargo, los versos van escapándose hacia la actualidad política o hacia la biografía del autor: su pega en una editorial cartonera, las peleas con su novia y las pastas que prepara su mamá. La perspectiva nunca es inmanentista, de modo que el fútbol se convierte en una especie de aleph medio envilecido por referencias tan de baja cultura como las llaves del Undertaker en la WWF. Diríamos que el texto no se aproblema para hacer zapping, ni para acoger las minucias del entretiempo, ni las de la previa o la salida a comprar cigarros. En cualquier momento del “poema-crónica”, un telefonazo o la escena de una película de terror pueden sacar de pantalla a los tacos o las pifias del Burrito.

Junto con la sublimación de lo banal, yo destacaría la franqueza del hablante para reconocer cuando se pasa de fome (“¿Lunati no serás un lunático? Cuac!”), y el curioso efecto de poema futurista, o retrofuturista, que se patentiza en virtud del culto al movimiento y de la profusión de apellidos y onomatopeyas (“Cappa. Cappa. Inyección de Cappa. Tiki Tiki, Tiki Tiki. Ortega, Cappa”). Este último factor, sumado a la musicalidad que las alineaciones de los equipos argentinos poseen de por sí, acaso sirva para sosegar en algo a quienes de seguro leerán a Piña como un poeta sin oído, muy ordinario o demasiado prosaico.

De Del Regreso más Esperado. El “Burrito” Ortega al Primer Equipo de River, en la Era Cappa 2010 (el Néctar del Olimpo y el Tiki-Tiki)

(Inédito. Descargar libro completo en PDF, aquí)

Tenía que llegar.
Gol. Gol. Feliz. Ortega. Sí. Sí. 24.29. Sí. Feliz. Ortega es feliz. Ortega. 24.29. Feliz. Ortega. Yo soy feliz. Ortega. 24.29. Feliz. Ortega. La hinchada está como loca…
Y a los 25.21 Ferrari nos da el segundo.
De perder uno a cero, pasamos a ganar 2 a 1.
Asad, turquito Asad callate y ponete la peluca rosa. Andá por Godoy Cruz, ponete los tacos altos.
Callate. Asad, turquito Asad.
Los putitos mendocinos salen corriendo al referee
para decirle que amoneste a Ferrari
porque fue con los dos pies para
adelante a trabar.
….

Salí del trabajo a las seis y cuarto para llegar a tiempo.
Tomo el 25.
Alcancé a ver en unos televisores,
de una casa de venta de electrodomésticos,
en la calle Rivadavia,
que recién estaban dando a las 19.20,
las formaciones de los equipos.
Encendí la tele 20.15, más o menos.
Fabale y tu referato inmaculado fue lo más lánguido
del espectáculo. Pero no tengo nada que decir del arbitraje.
Correcto. Justificaste el sueldo, muñeco.

Ahora, si no intento el poema-crónica,
mi salud mental va a empeorar.
No entiendo nada.
Nadie lo puede creer.
La tele mostraba a los hinchas de River en el estadio,
como locos. Putearon a todo el mundo.
Ovacionaron al burro todo el tiempo.
La pregunta obvia:
¿Ustedes, señores dirigentes, no ven los contrastes?
¿Tan obvios, tan marcados?
Ovacionar al burro que no jugaba hace cuatro partidos
que no estaba ni en el banco, no les dice nada …?
Señores lamedores de nalgas:
¿Se van a hacer cargo de las puteadas de los hinchas
de la Belgrano?
¿Señor presidente Pasarella no va a hacer nada al respecto?

Yo en mi casa cambiaba de canal.

 

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