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Sobre Camping de Verónica Pérez Arango.

Por Fernanda Martínez Varela

Siendo el eje de discurso lo natural y la relación del hombre con su medio, la naturaleza en Camping es exaltada no de manera zalamera –diosa que subsume al hombre– sino en su modo más concreto, vale decir, como el oasis que resulta el camping para la ciudad, siendo este espacio donde los objetos conviven con lo natural, animándose a una relación de convivencialidad en vez de dominio. Por lo que a diferencia de la actitud zalamera, el hombre no deja de lado sus creaciones ni es expulsado de lo natural como afirma el libro del Génesis, ni es lo natural un paraíso al que debemos aspirar volver. Por el contrario, señala la autora: “Los campamentistas más prolijos lavan sus autos/ dentro del lago/ abren la ventanilla para que los peces los asalten/ como sonámbulos/ la frente en alto y escopeta en mano.” Sin embargo, lo anterior no exenta de actitud moral a la autora frente a esta dialéctica a menudo en oposición –hombre versus naturaleza– cuando afirma que son los encapuchados, haciendo un guiño con las formas radicales de protestas, los que dicen/escriben que el hombre no la dominará. Siendo la concepción de hombre, tomada por la autora, la del hombre-especie hermanado con sus semejantes, compartiendo una raza dentro de la evolución natural y no la de hombre individualizado sujeto a su autoconciencia, aflorando esta concepción en el contacto con el ripio, lo que recuerda al ser hecho de polvo según la concepción cristiana. Escribe la autora: “Mientras patinan en el ripio/ los campamentistas pierden/ la nación y la noción/ de sus nombres”.

Dado lo anterior, en el marco natural que representa un camping, los objetos del hombre se comunican con el medio natural de manera amable, generándose una dialéctica de consenso y no imposición. De igual modo, los temas que perturban al hombre como la muerte y la vejez, adoptan formas definidas por la situación de camping. Es así como la linterna simboliza lo que el sol es para la juventud, señalando la autora: “Por las noches/no tenemos pesadillas ni frío ni temor de volvernos viejos/en los treinta segundos que dura la luz de la linterna.” De otra parte los sacos de dormir se transforman en tumbas, hipostasiando la naturalidad de la muerte en los sentidos de inevitabilidad y en que ataca allí mientras se está acampando. Dice: “De cara a las estrellas/ los campamentistas piensan que son féretros bien abrigados/ y oyen/ un grito/ la nueva moda de ataúdes de pluma y poliéster (…)”. Es en este contexto en que el hombre como especie dentro de este oasis, se acerca a su particularidad cristiana de cocrear, a través de la palabra –en coincidencia con Huidobro para quien el poeta es un pequeño dios–, si bien pierde la noción del nombre que lo individualiza, es capaz de nombrar y con ello cocrear su entorno, lo que simboliza la autora mediante la repetición del verso “pienso en un poema que sea una lista de…”  teniendo lo poético como dado por lo que está ahí delante como aparecido, pero debiendo ser develado por el hombre a través del lenguaje.

En resumen de lo dicho y en palabras de la autora: “Cubitos de hielo/ escarcha y néctar/ bebemos para dividir/ el mal del bien./ Palo y piedra/ lanza en mano/ ejecuto una danza para atraer/ al cardúmen que orillea./ Fracaso en el intento de la tormenta eléctrica./ Como los teros me mojo las patas/ Mientras pienso en un poema que sea/ una lista de graffitis sobre las piedras”.

 

De Camping (VOX, 2010)

I

Quince días descalza.
Quince noches en medias de lana.
El arco tenso de los grados inflama
la subsistencia de las manadas.

Afuera del lago
las uñas delineadas de negro repasan
el orden dentro de la carpa y después de la nada
las velas se apagan
y a falta de leña
quemamos las guitarras.

Acá no hay música
ni luz artificial.
Hay fantasmas.

 

II

Los loritos abaniquean con sus colas el cielo
población de nubarrones
dan órdenes desde el ramaje antiguo
y se creen superiores.

Adentro de la carpa
detrás del mosquetero
las copas verdes opacan su cielo
y yo pienso en un poema que sea
una lista de objetos que ocupen el mundo entero.

A la hora de nacer
las voces cada vez más quietas de los pájaros
atropellan la manera
de no hacer
ni ser
nada.

 

III

Por las noches
no tenemos pesadillas ni frío ni temor de volvernos viejos
en los treinta segundos que dura la luz de la linterna.

 

V

A la izquierda, la lluvia.
A la derecha, el sol
:
Todo ocurre al mismo tiempo
golondrinas sureñas amagan en un roce acuático
el cuento de sus fracasos mientras yo pienso en un poema que sea
una lista de recetas para cocinar con leña.

 

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