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Sobre Poemas escolares de Florencia Castellano.

Por Ashle Ozuljevic Subaique

Que la educación encierre un tesoro no es un secreto ni es una sorpresa. Lo sorprendente es que ese tesoro no sea propiedad exclusiva de los estudiantes, sino que los educados terminemos siendo todos los que pisamos el aula.

Con un epígrafe de Delors comienza el poemario de Florencia Castellano, cuyo título es confuso: Poemas escolares. La yuxtaposición de ambas palabras me trae diversas posibilidades a la cabeza: poemas escritos por escolares, poemas acerca de escolares, poemas que deben ser leídos por escolares… siendo finalmente un conjunto de poemas alusivos a momentos escolares vividos no sólo por estos, sino también por la profesora de literatura, quien con un encare que muta, dibuja las escenas.

Llama la atención (y personalmente me interpreta) justamente esa mutación de la voz que bosqueja: “Con el trueno en la frente entro en el aula llamada desgaste” que luego será llamada desastre, batucada, descarte, repitiéndose según el día y el lente. Y es que precisamente es eso lo que ocurre en la labor de docente: el aula adquiere diferentes tonalidades y aromas, sabores y colores, sonidos y tactos, dependiendo del estado anímico no sólo de nosotros –los profesores- sino de esas decenas de personas con las que cohabitamos un par de horas a la semana y con las cuales nos vamos compenetrando con y sin intención de ambas partes. Aún recuerdo (a todos nos debe haber pasado) las mañanas liceanas en que dependiendo del saludo de la profesora, determinábamos, apriorística y cruelmente (aunque tal vez de manera acertada) la frecuencia de las prácticas sexuales de ésta: mucha si su saludo era amable y su sonrisa ancha, poca si olíamos amargura en su rostro y su voz. Yo misma, habiendo ejercido años después como docente de literatura, realicé la prueba de esa relación sexo-ánimo en el aula de clases. Pero no sólo esa, sino que cualquier relación anímica fuera de la sala se manifiesta adentro de ésta, y viceversa. Más aún, descubrí, como profesora, una excepción a tales relaciones: no importaba ni el mucho y buen sexo ni la excelente tarde dominguera, al momento de entrar a la sala de clases, y palpar –ahora como docente- la tensión o el ánimo de los estudiantes es que se define la propia condición anímica del día, el gol no se decide hasta ese último segundo frente a la red.

En el caso de Poemas escolares a la hablante le van ocurriendo estas transformaciones. Comienza con el desgaste y con la visión del desorden de una sala que se debe repetir de barrio en barrio, de ciudad en ciudad y de país en país, con el caos adolescente, y toda la colección de elementos disímiles que se puede dar en esas circunstancias. Tal caos se irá a volviendo, igual que los alumnos, algo familiar, y es que uno termina encariñándose con esas incomprensiones suaves, con esos apocalipsis chiquititos, y eso es algo que la enunciadora no oculta.

Tampoco es oculta su energía en el aula, poemas intermedios donde alude a películas, a bandas sonoras, a escenas específicas y que la bosquejan como esa profe atemporal, la profe joven que siempre quisimos tener/ser, que permite dentro de márgenes amplios, que se anima sin saber a qué hora termina la clase ni cuál era el tema inicial, que se deja llevar por los intereses de los estudiantes y los relaciona todos, que goza de “extender la literatura como una melaza”, que termina hablando “del fin del mudo / y las revoluciones solares”.

La hablante de Poemas escolares no teme olvidar quién es el educador y quién el educando, quién es la docente y quién la poeta, no olvida sus preferencias musicales, sus vivencias en la playa, sus recuerdos cinéfilos… lo une todo en la clase y en los versos, lo mezcla a Yupanqui y a los paseadores de perros. Así queda la cabeza del docente tras un día de clases, con restos de arena o de chocotorta, dependiendo de la suerte, la piel queda brillante o arrugada, y lo único que queremos es volver al día siguiente o tomarnos un tren a lo desconocido, dependiendo de la suerte y del desafío.

Al leer este poemario ya sabemos qué decisión toma la enunciante. Espero como lectora, que su valor sea recompensado.

 

De Poemas escolares (inédito)

1

Con el trueno en la frente entro en el aula llamada desgaste
sillas y mesas y ovillos de lana
en todos los rincones
se juntan cosas
cajas de cartón para Malargüe
todo es para el viaje
y que los alumnos sumen
a la memoria de las hormigas y a la música de las cigarras
todas las fábulas
y que salgan hacia la ruta
que termina en la playa
y que el docente funcione como un cartel de
pico y hago bajada.

Y así las cosas
no hubo que viajar tanto para conocer el caos
ni volver a los 15 para sentir los amores imposibles
del inicio del verano.

Cenicero, seca mamaderas,
bufanda, colección completa de las Readers Digest, lámpara
cuello ortopédico, patineta, cpu, remera,
móvil que dice “paz” fabricado con una lata,
textos de cuando funcionaba la EGB,
campera de nylon, ojotas blancas,
tres cuadernos inventados
de un lado, blanco
del otro, AB Counseling.

 

3

Por todos lados en todas las aulas
veo cajas
desvencijadas y grandes como para que se meta un niño
y se borre en una hora cátedra.

De una sobresale campera de nylon
tirada, deportiva, violeta,
manga izquierda semi inflada
aleta de fantasía acecha mentes y devora palabras.

Si fuera una película sería tiburón
la escena de la lancha
los jóvenes con los ojos en azul
impacta el animal y gira al rojo sangre
un motor ahogado y el grito que saca a las gaviotas de su nirvana.

Si lo fuera, el aula sería tiburón
y los estudiantes, el motor de la lancha.

 

9

El juego se corta
y que las cartas vuelen como en una película de magia
y que las mochilas abriguen la esperanza del proletario
y que toda la baraja española, la francesa, la armada branca leone,
la batalla naval entera y los barcos piratas
pierdan sus tesoros
en los bolsos de los estudiantes
en el piso chatos como sapos aplastados
en la ruta que va a la playa
y allá el fantasma de una moto en llamas.

Y que el docente funcione como una bala
y salve la vida del piloto en pleno Dakar
y que el docente funcione como la inundación del casino flotante
y se lleve las cajas, las cartas.

Y que el docente funcione como un barrendero
a las seis de la mañana
papas fritas, nachos, olor a axe en el aire,
biromes mordidas
biromes como rosarios
biromes como garrochas
para saltar hasta la isla del sueño dominante
el plan es no hacer nada
playa vacía, sombrilla, pelota de vóley gastada
y la campera violeta como una aguaviva
amenaza en la orilla
y es un punto de amarre
para tirarme al mar con el trueno brillando
en mi otra galaxia.

 

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