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Sobre Pecés de Marina Alessio.

Por Andrés Florit

Pecés me provocó salir de casa una noche que había planeado descansar, siguiendo la recomendación un músico que dijo en una entrevista: es bueno salir de fiesta día por medio, no todos los días. El libro de Marina Alessio (publicado en Buenos Aires: Triana, 2009) me entusiasmó tanto que no pude seguir frente al pecé, ni menos acostarme a dormir: salí a juntarme con el mismo amigo que había visto el día anterior, que se sorprendió de verme llegar de nuevo a su casa. Ambos estábamos resacosos pero nos recuperamos rápido. Leímos de nuevo el libro juntos, festejando página a página el PDF, piscola en mano. Y seguimos, me parece, hasta la tarde siguiente, pero esa es otra historia.

Me cuesta mucho hablar del libro, más allá de las anécdotas festivas, que no encuentro tan banales: viajar de un extremo a otro de la ciudad por la emoción que te provoca un libro de poesía leído en el computador. Por querer leérselo a un amigo, que se ponga igual de feliz que tú.  Y no es que sea un libro cumbianchero precisamente, es más bien melancólico, pero tiene una manera muy particular de afrontar esa melancolía. Parte así:

mi casa está llena de bichitos de luz
los encuentro muertos a la mañana
y tiro sus cadáveres a la basura
a veces los escucho suicidarse
tuc tuc tuc
contra la lámpara

“Tuc tuc tuc”. Ahí está la poesía, concretísima y audible. Esa onomatopeya nos libera del pequeño peso metafísico del “suicidio” de los bichitos. Y así es siempre: la que habla no deja de divertirse por estar triste. Es como bailar Enjoy the silence con alguien que ya te dejó claro que no tendrá nada contigo, que sólo serán amigos porque no le gustan los hombres. Pero sí quiere bailar este tema, y te toma la mano. Y tú dices: bueno, al diablo, qué buen tema y qué lindo bailarlo igual con ella.

El DJ anuncia lo nuevo:
hip hop cubano

Yo paso la noche esperando
que pase algo
de los noventa

Se divierte de manera personal, no con las “novedades” o la euforia del resto. Raúl Ruiz diría que frente a los mismos problemas está más cerca de Demócrito (el filósofo que ríe) que de Heráclito (el filósofo que llora). Pero si ríe no es una carcajada estentórea, sino que una risa estoica, tranquila. Me la imagino como la luz de la punta de un cigarro en la esquina oscura de la disco. O en la escalera, como ella misma escribe:

mi lugar de extrañarte
es el tercer escalón
de la escalera que lleva
a la habitación del DJ

También me la imagino como la luz de un PC encendido hasta tarde, chateando en Messenger o actualizando el blog de fotos y poemas, recibiendo amor y odio a la par en los comentarios. Me recordó a Joven y Alocada, quiero que ella lea este libro.

Entonces, Marina construye un mundo con todos los materiales que tiene a mano: reproduce mails, comentarios del blog, construye de a fotogramas una pequeña novela que no necesita transiciones más explícitas. “La novela es la poesía de los tontos”, decía nuestro Chico Molina. Este libro le da toda la razón, una vez más. Entendemos todo, aunque no hayamos estado en los mismos chats:

chetito said:
por qué no ponés tu poema de la camisa cayendo? por fa, por fa.
te diste cuenta de que nunca cambiás el color de fondo? te diste cuenta de que
el color de fondo (que nunca cambiás) es negro?

te extraño, odio el encierro. “no me banco más la luz ni la pared” (piel de veneno.
enero 2005)

A la página siguiente viene el poema de la camisa cayendo, que es de los más hermosos del libro y que reproduciremos al final de este texto. Y así combina fragmentos de conversaciones, poemas acabados, con título o sin título; todo es significativo aunque se diga al pasar o en un mail de una línea. Es expresiva a fuerza de no censurar, de no retocar para hacer más lindo todo, sino que logra tensión justamente dejando todo crudo, pero bien montado. La fuerza está en el montaje. Y en el humor:

Conocimos un muñeco de winnie de pooh que estaba borracho y bardeaba
a las chicas.
Desde ahora él es mi ídolo.

En sus textos, hay fotos muy exactas, lo que no quiere decir nítidas. Alan Pauls escribe sobre Nan Goldin palabras que también podrían servir para referirse al trabajo de Alessio: “Fotografía a sus amigos, sus roommates, sus amantes, sus compañeros y compañeras de viaje. Los fotografía maquillándose en el baño antes de salir a una fiesta; bebiendo, charlando, preparándose un pico de cocaína o besándose durante la fiesta; llorando, haciendo el amor o durmiendo en camas solitarias después de la fiesta”.

No la conozco, pero me imagino que no dice “todo va a estar bien” cuando sabe que no es cierto. En vez, te dice:

me río de vos
decís que estás bien
pero tu cara es terrible
entre los restos de la fiesta
y la música de after hours.

De Pecés

Feliz

Acabo de ver una camisa de hombre cayendo por el aire desde la ventana
Caía desde un piso muy alto de un edificio muy alto
La tiró una esposa enojada
o se cayó de una soga
¿Será feliz la camisa como las banderas?
Porque ayer me dijeron eso, que las banderas son felices
Me lo dijo alguien que se ató un mantel al cuello y corrió por un bosque
y se sintió bandera
o se sintió feliz
o percibió la felicidad de su mantel que se sentía bandera

Salgo al balcón
y pienso que si me tirara yo también podría ser feliz
pero miro para adelante y veo a la camisa
tirada en el techo de un galpón bajito y feo
inmóvil, sin vida
Miro para abajo y pienso
que si me tirara de un cuarto piso
mi felicidad duraría muy poco
y después quedaría como la camisa
tirada inmóvil y sin vida
entonces vuelvo a entrar
me siento frente a la computadora
y entiendo
que para ser feliz hay que estar
atada a un cuello o a un palo.

Un haiku

tenías razón
este porro sí tiene
un gusto raro

Equis

Nunca tuve una relación, me dijo
solo historias
con locas, pendejas
sadomasoquistas emocionales
reinas de la histeria
y cada historia
que se termina
es una lucecita que se me apaga en el cuerpo
dejándome un agujero negro
una explosioncita de vacío
y siento que si se apaga
una lucecita más
me desintegro
desaparezco, ya no me queda
lugar en el cuerpo
para otra lucecita que se apague.
Es que antes no podía aceptar
la neurosis de la gente
los errores del otro
y no podía enamorarme
por eso y porque eran locas
pendejas,
sadomasoquistas emocionales, histéricas
pero vos sos distinta
sos genial
y estos tres días
fueron maravillosos
solo veo un problema
tu estilo de vida
tus amigos me asustan
las drogas
las fiestas a las que vas
tu forma de escribir
tu ambiente, el reviente
no entiendo cómo ustedes son capaces
de meterse eso en el cuerpo
no me entra en la cabeza
y me aterra estar con alguien
capaz de hacerse mal
decís que tomaste
solo algunas veces
y estás segura de que nunca
vas a ser adicta, pero ése
es el discurso de todos los adictos
no me digas que es normal
no es lo mismo
lo normal que lo habitual
pero no importa
no me hagas caso
no debería estar diciéndote estas cosas
es solo algo, supongo
que me digo a mi mismo, soy yo
el que debería decidir
si correr o no ese riesgo
disculpame, no me escuches,
querés que vayamos
al cine en la semana?

Me contaron algo triste

Una persona jugando
al solitario
en un cyber café.

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