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Sobre Baja presión de Martín Prieto.

Por Ernesto González Barnert

De entrada el libro del rosarino Martín Prieto, Baja presión (Ediciones Vox, 2004), honra lo que puede ser visto, lo que puede ser escuchado y lo que puede ser aprendido, es decir, algo que sirve como decía Alexaindre para hablar con los demás hombres. Por cierto, es un libro breve (14 páginas). Pero solo es en apariencia breve por cuanto revela de entrada contener mucho más de lo que transcurre, escribe o apunta. Digamos para facilitar la cosa que es un poemario punta de flecha. Y donde la vara y el arco, más que verse excluidos del corpus, están tácitos en el despliegue que hace Prieto de una vida fuertemente condicionada por la escritura y la lectura, en la manera de imponerse a sí mismo y a nosotros, sus lectores, el arraigo de la experiencia poética. De la manera más llana y natural, cotidiana. Sin ser snob, literatoso o vano. Sea como carga o bendición, habitando incluso el silencio que no es silencio de verso a verso, poema a poema. Naturalmente al filo, buscando el filo, en que se desenvuelve toda existencia que se precie de tal. Por consiguiente la condensación del libro es más bien un mecanismo que empuja a volver una y otra vez al buceo (ordenado o no) de los poemas que conforman el volumen… este “relato sentimental” en el que converge toda una vida hacia atrás y hacia delante en un presente abierto. Quizás una cita atingente para explicarme el libro, su esencia, sin glosarlo, y evidentemente recomendar su lectura pertenece a otro poeta, Robert Frost, quien escribió en su epitafio “tuvo una pelea de enamorados con el mundo”. Este libro da cuenta de esa clase de poetas que tienen una pelea de enamorados con el mundo y en el que textos como el que da título al libro “Baja presión”, un poema río de una intensidad y belleza logradísima o el descarnado y preciso “La duda” o el tocado por la gracia “Laura” (aunque no termina de convencerme el verso de cierre y la explicación puntual de la anécdota que lo gestó) son parte ya de mi compendio de primeros auxilios.

De Baja presión

La duda

Y blan, blan, el agua golpeaba
contra el toldo empapado.
Era un verano demoledor,
una sucesión de calor y de lluvia
y de abrir todas las mañanas la cajita
y ver que otra vez la andaluza
no había escrito una sola línea,
y vos que no sabías si era una estrategia
o el final del amor.

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