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Sobre Hebilla de pasto, de Mercedes Halfon.

Por Juan Santander

Hay algo en los poemarios cortos que genera incertidumbre en algunos lectores. Hay algo en el lenguaje de Hebilla de pasto (Vox, 2012) de Mercedes Halfon que hace más lento y más cerrado lo que a primera vista aparece abierto y simple. El poemario esconde sus metáforas en un círculo familiar y cotidiano, a veces referencial: “atravesar la avenida más ancha del mundo / los lugares donde tus padres nos llevaban a comer”. Hay una fiesta, hay árboles y pulóveres que van construyendo una especie de historia de pareja. Una pareja que va consolidándose, un nosotros que va solidificándose: “hay que pensar muy fuerte en nosotros” a través de los poemas. Un yo y un vos que ayudan a eso; “Un día las cosas dejan de ser simples para vos / todos tienen su verdad pero la tuya / como el pan, no tiene huesos / de noche nos amigamos con el aire”.

Entre las impresiones y descripciones hay versos que llevan un doblez que acumula las experiencias de una sujeto “drogada por las luces de las siete de la tarde” a través de la vida vespertina en la ciudad. La mayoría de los poemas consignan ese horario desde la salida del trabajo o los quehaceres de la rutina hasta la hora de dormir, insomnio incluido: “ Suma de líneas horizontales /el césped y la cama / donde no podemos dormir / el agua marrón los árboles / y el cielo por arriba resistiendo.” Ya sea este espacio íntimo o público, la capacidad de acumular imágenes simples, precisas y bien dispuestas a lo largo de los poemas es notable. Partículas que nada dicen de una confesión o, por el contrario, declaraciones a un tú que se va haciendo necesario a lo largo del libro. Todo está enhebrado para continuar hablando, para continuar contando la historia “como partes de un cigarrillo / que se queman a distintos tiempos”.

Los poemas de Hebilla de pasto son, efectivamente,  como “un pequeño refugio donde guarecerse” del presente. Se ensambla un presente abierto contrapuesto a un pasado cerrado, a través de versos en los que no es posible a veces entrar; no por ser oscuros, sino por pertenecer a un lenguaje íntimo, un lenguaje de a dos, al que sólo se nos permite acceder como espectadores, sin perturbar este yo y ese vos que podrían seguir contándonos su historia por mucho tiempo.

De Hebilla de pasto

Un árbol es un palo que mira al cielo

tan clavado que puede pasar años dormido
un apunte biológico que asegura
el futuro de la especie
la síntesis del amor
una nube de humo que oscurece el día
como un rally que pasa por la puerta de tu casa
y deja tus huesos flotando en el río
un supuesto río
y nosotros en él
apenas apuntes biológicos
esquivando canoas entre los remolinos
un fondo tan azul como esos sueños recurrentes
donde nos preguntamos por qué
se nos lastiman las manos.

Un día las cosas dejan de ser simples para vos

todos tienen su verdad pero la tuya
como el pan, no tiene huesos
de noche nos amigamos con el aire
las luces del cerebro
la capa que nos envuelve se agita
como el pan, endurecemos.

Cualquiera sea el punto de partida

lo importante es la montaña
todos sus pequeños frentes
como partes de un cigarrillo
que se queman a distintos tiempos
un incendio parejo que calienta el corazón del bosque
a donde no llegan los hombres
ni la lluvia.

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