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Sobre Control o no control, de Fernanda Laguna.

Por Jaime Retamales

Narrativa siempre en expansión, en espacio finito e inconquistable, por lo cercano, digo. Algo así como un Big Bang de las relaciones y su encierro: el largo y ancho de un verso imposible plastificándose como si nada, conmovido por el fondo de esa locura que somos.

No el carnaval, no Hieronymus Bosch, sino una evolución transitada de la cotidianidad y el saber de la intuición femenina que ha decidido romper, a fuerza de ser, este orden y encantamiento de nuestra contemporaneidad.

La presentación de Alejandro Rubio en la contraportada me lleva a pensar en Foucault, en el sentido de que no hay otra Fernanda Laguna -poeta, narradora y artista visual- que vea el mundo como ella: este saber tan temible e inaccesible lo posee el loco en su inocente bobería, en tanto que el hombre razonable y prudente no percibe sino figuras fragmentarias. Es la bola de cristal que para todos es vacío y a sus ojos llenos de la espesura de un saber invisible.

¿De dónde viene este lenguaje de Fernanda? Sus textos, en apariencia simples, parecen a uno recordarle esos diarios de adolescentes enamorados o las confesiones de entrevistas, textos de niños, apuntes biográficos, fragmentos a lo Bertoni, textos de Fritz Perls, algo del análisis transaccional de Eric Berne, ideas que uno supone la han modelado de modo único y especial.

A W. B. Yeats le encantaban las historias populares y creía en ellas en contra del racionalismo paterno. Pero si recordamos bien, todos, de una manera u otra, hemos crecido en  cuentos que adulteran la realidad. La fantasía nos hace creer que el mundo está en su sitio y todo tiene un orden, una razón de ser, una explicación satisfactoria. Todos lo sabemos; por eso el mundo del romanticismo dulce, y de finales felices, alguna vez nos arrasó.

Son muchos lugares dentro del universo que ella construye en torno al esperanzado amor, belleza y felicidad, la soledad, el modo de pasar la vida, pero es llamativa la singularidad de abandonadas creencias que Fernanda usa como parte de su lenguaje:

“_Hola!/ Mi nombre es Samanta/ y he venido a este planeta/ a contarles un cuento…/”. “Este es un cuento muy antiguo/ y dios es la encarnación/ de lo viejo/ es el tiempo que todo lo ensucia/ es la muerte de las estrellas…”.

“… Pero esas Hadas/ son las pocas luces/ que quedan en la soledad./ En la carretera/ de adentro,/ donde el viento desbocado/ dibuja los espejismos/”

A partir de la aceptación de sus estados de autoconciencia de diferentes edades, sus miedos infantiles, su sinceridad adolescente, sus creencias y dogmas de adultez, historietas e historias populares que lindan lo sobrenatural, emergen sus narrativos versos  sorprendiéndonos en su no siempre inocente estética con hallazgos poéticos inusuales, tan fantásticos y reales como sus estados de alucinación, paranoia e imposibilidad.

“Oh… Flor preciosa/ opaca, brillante./ ¿Dónde te escondes?/ ¿Dónde puedo buscarte?/ ¡Déjate ver!… / Pido lo mínimo/ como piden los mendigos en la calle/ o te vendo un poema como los del subte/ este poema/ a un deseo/”.

En el ejercicio de una expresión propia no trepida en exponerse ante lo que se prefiere esconder. Dice, por ejemplo:

“… / Una mujer cree que es tan lista/ que por eso no sabe lo que quiere./ Una mujer cree que tiene que ser tan lista/ que los demás se tienen que convencer de que es una estúpida/ porque en el fondo cree que cuanto más dejada de lado sea/ más libre y feliz será./ Y así le encuentra/ un sentido a su tristeza o a su hora perdida./…

Libro arrojado que rezuma búsqueda, y no trepida en colocar al poeta en la figura femenina autoconsciente sin pavonearse en una competente con el homólogo masculino; nada de feminismo, pues esto es sabio: ella no está a favor de la guerra en ningún sentido y hace la diferencia. No nos atrae por la banalidad de sus historietas sino por la intencionalidad de incluirnos culturalmente en ellas y dar cuenta de un hallazgo mayor, que no advertimos preocupados en redondear nuestras exactitudes.

Debo advertir que en mi opinión y a estas alturas no se requiere, no se necesita, no es exigencia sine qua non, que se le exija a un escritor para calificar como poeta que exude poesía, menos una poesía que reconozcamos. Para esta época basta que en el texto estén presentes los nutrientes, el sabor del asunto. Hace rato que el fragmento cedió a la poesía narrativa por agotamiento preceptivo. Según Eduardo Milán la narratividad poética combatiría el concepto de poesía lírica heredado de la tradición y retrotraería a la poesía latinoamericana a las funciones épicas de la lengua, y esto es historia: estamos en la antigüedad de puro buscar futuro.

Su lenguaje presente existencial y cotidiano, de una urgencia inusual, sólo definible y acotado por su propia imaginación creadora, no trepida en apelar para su uso todo aquello que un intelectual consideraría vulgar o desechable; y crea una paradoja. Pablo Oyarzún llega a la siguiente conclusión en su artículo “Devaneos sobre la estupidez”: si pudiésemos convertir la estupidez en método, seguramente avanzaríamos más en el conocimiento del mundo que nos rodea y en el gobierno de nuestras vidas. Pero claro, somos tan estúpidos que no podemos poner la estupidez a nuestro servicio.

Y Fernanda no se la ha jugado para derribar los portentosos cimientos de una tradición e ir en contra de lo establecido para convertirse en la heroína, sino para restituir la posibilidad de ser como se desea ser, haciendo poesía y contando como es el “rollo” de una que la ama y no. Y como los rollos de cualquiera hacen evidente la locura, la neurosis, en su caso terminamos todos reflejados y estupefactos por su genio. Ojo, que la neurosis no es una enfermedad sino una forma de vivir, de modo que somos todos neuróticos, en mayor o menor medida. Hace poco escribí en otro breve comentario: una conciencia planetaria coincide, en medio del caos dominante, en que la aparente estabilidad de nuestras sociedades es nada más un forzado juicio movido por la inercia y sordera de un poder enfermo focalizado en todas las esferas: institucionales, privadas e individuales. Entonces y sin faltar a la verdad, por creer que bastaría hacer saltar esos cerrojos represivos, los imaginarios de la poesía se encuentran sacudidos por la necesidad de ser prácticas de libertad. Recuerden a Guattari en su Cartografías del deseo, y agreguemos Control o no Control:

“… / Poesía maldita/ no voy a luchar contra vos,/ haremos el amor/ acá/ en medio de los cadáveres./…”

Textos vaticinantes; la poesía en el futuro no será privilegio de  grandilocuentes, sabios, lectores, “intelingenteoides” y arrogantes ideólogos de las letras, poseerá a niños y niñas, adolescentes que con la sola imaginación creadora, sus propios conocimientos y creencias, y un buen taller de escritura que ratifiquen su talento, si lo tienen, darán a ver mucho más que esos elevados y perfectos poetas del nunca más olimpo. Quede claro pues el afán “democratizador” y revolucionario de su arte.

Termina uno haciéndose ella en su loco mundo, y se siente incluso que de tanto en tanto desearía tomarnos el pelo, y sacudirnos  a todos con un poco de ese esperanzado mal mortal, como dice la canción de Pángaro.

Y vuelvo a repetir lo que en principio la diferencia y distingue: su voz o sus voces forman parte de un desprejuiciado conocimiento que se desenrolla sin cortapisas al margen de la creída, arquetípica y grave sabiduría de la poesía, y en otra vinculada estrictamente a la levedad (Calvino). Ya sabemos las consecuencias de la pesadez, la inercia, la opacidad del mundo:

“…/ No existe ningún conjuro contra la mala suerte,/ no puedo administrar mi deseo./ No tengo partitura/ pero sueno a algo conocido”… “Este es un cuento/ muy bonito/ y simple./… /He usado/ más palabras que nunca./ He imitado/ a grandes escritores/ como Bocaccio,/César Aira/ Clarice Lispector,/ Cecilia Pavón,/ Gabriela Bejerman/ y Paulo Coelho”…/Dios me dé más ideas/ para seguir escribiendo/ y para abrir las puertas/ de la excitante realidad…/ Ricos besos en la playa,/ lamidas de tetas, helados/ refrescos de abacaxi,/ guayaba y vodka/.

De Control o no control

Optimismo

Oh, preciosura
No puedo compararme con tu existencia,
soy la semilla que se descarta de la uva.
Un panal vacío y abandonado.
Nuevamente me encuentro intentando llegar a vos
sincera y cursi.
Honesta.
He leído tan poco este año,
no sabes lo poco que he leído.
Este año he llorado como un bebé que no come
he sufrido y caí en stress
Me desmayé, intenté suicidarme
fui al psicólogo, al psiquiatra.
Y no pude volar como antes lo hacía.
Volar liviana, aerodinámica como un avión que sigue su ruta.
Caminé arrastrando mis pies
por la veredas de Buenos Aires,
muerta de pánico de que algún psicótico me ataque,
dando vueltas por el centro
con temor de perder el débil rumbo que aún me queda.
Alguien se preguntará a quién le hablo
te hablo a vos que leés.
Pienso en los lectores que curiosos
se adentren en el poema.
A esta altura no sé si aún habrá alguien
si ya no se habrán aburrido
¿queda alguien?
Tal vez alguno
y quedo yo con mi imaginación de que otros me leen
y que les interesa lo que yo pienso
que ni siquiera es un pensamiento
es un divague automático de mierda
y ¿qué sentido tiene dar mi poema si yo creo que es una mierda?
A ver… Voy a pensar.
Estoy mareada
me cuesta pensar.
Mejor sigo divagando un ratito más.
Ayer me desmayé y hoy
voy a ir al hospital porque se me tapan los oídos.
No sé si tengo un tapón de cera
o es que se me tapan a causa de la tensión nerviosa.
Soy una bola de nervios
aunque parezca una seda.
Los quiero y quiero que me quieran.
Eso es lo que quiero.
Mi mamá les dice:
“Quiéranla y no es que les pido que la quieran por obligación,
descúbranle el lado positivo!.
Algo bueno tengo.
Me siento todo el día tan culpable de ser como soy.
Esto es otra maldita poesía autorreferencial
Mi intención fue escribir algo optimista
Oh, preciosura
Y no pude.

Peleas

Soy un templo
una espada enterrada en una maceta.
El viento sopla
la noche llega
y el dolor se materializa
en algo que no llego a ver.
Ahí está
pasó por la casa de varios amigas y amigas,
de otras se fue.
Y ahí está dejando sus manchas de soledad en las baldosas.

El del vivero me dijo
que haga un aro de sal
para proteger a los lazos de amor de las babosas.
Yo seduzco a la tristeza
poniéndole una canción
una melodía conocida
para que su presencia no sea tan fría.
La decoro le hago un poema
le hago un cuerpo inofensivo.
No estoy a favor de la guerra
en ningún sentido.
La mantita con que se envuelve al bebé
está hecha de hilos de seda frágil,
un punto de alegría y otro de llanto.

Mis amigos lloran,
yo lo sé,
ellos me mienten
fingen
estar bien.
Yo también finjo
nredada en un edredón animal.
Tenemos los huesos quebrados
somos babosas devastadoras,
es nuestra esencia.
Nos comimos primero los huesos,
estamos desparramados por el piso
nos mandamos mails,
nos escuchamos por teléfono,
charlamos acostados en la luna.

Recibo un mail
de Santa Fe
que dice:
“Radio abierta
paren de fumigarnos”
y pienso qué me quiere decir,
a mí que justo ayer quise proteger a lo frutales
de las moscas.

Me siento una ingenua por cerrar fuerte los ojos
frente a la guerra.
Me averguenzo de mí misma,
me siento una idiota.
Libero una guerra interior
hace años
porque intento ir en contra de mi esencia.
Las esencias me causan repulsión.
Me gusta la poesía
y nadie nace para ser poeta.
Ni siquiera los versos nacen para ser poesía.

Escucho una canción
de Amanda Lear…
Yo quiero ser en el punto
forjado
de espada
creada
de acero,
como ella.

Los esqueletos fueron,
ahora usaremos aleaciones de metal
blando
y filoso.
Destruiremos nuestra esencia
natural
para ser
armas deportivas, decorativas,
contemplativas.
Utensilios,
una pequeña navajita
que va en contra de su uso.

Yo quiero ser la espada tutora
de mis planta de tomate.
Y recibir en la noche el rocío
para llorar
inofensivamente
bajo
la diosa
naturaleza.
Y no llorar la esencia del llanto
(ya no sé ni lo que digo)
sino…
llorar sonrisas
enloquecidas
de amor.

A mi toallita femenina

Estaba en el baño y me inspiré
pero dudé si llegaría a la computadora a escribir este poema
porque me duele la panza.
Y pensé que si de pasada me tiraba a la cama
no duraría esta inspiración.
Pero llegué…
y todo para decir:
LAS MEJORES TOALLITAS DEL MUNDO SON
LAS LADY SOFT NORMALES
(y son las más baratas).

Este es un poema para el futuro
para dejar un rastro de estas fabulosas toallitas
que me acompañan tan bien cuando las consigo.
Son las mejores.
Algún día…
dentro de muchos años,
en el futuro,
no sé si se usará toallita
y ni me imagino qué se usará.
Pero yo quiero que este poema
sea un homenaje y un recuerdo
para todas las chicas del futuro:
una vez existió una marca buena,
una toallita bárbara.

Este es un poema arqueológico
en un basural algún día
quedará sin descomponerse
una Lady Sofá llena de gusanos.
Y para ella
también será este poema.

Calipso

Sólo quería agregar
que son unas toallitas buenísimas.
Y que el poema a las Lady soft
también sirve para ellas.
Pero las Calipso tienen algo mejor aún:
gel, doble núcleo y canales.

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