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Sobre La dialéctica de todas las cosas de Nicolás G. Dell’Avo.

Por Úrsula Starke

Me enfrento al libro de un autor del que no sé nada más aparte que es argentino. De inmediato se me llena la cabeza de referentes literarios argentinos, sin muchos criterios estilísticos ni cronológicos, los voy mezclando todos en un solo concepto tan difícil de revelar que se me termina diluyendo. Mejor así, pienso. No tengo idea de qué es o si existe siquiera la idea de poesía argentina, del mismo modo que no sé qué es poesía chilena.

Empiezo a leer el PDF con una deliciosa ignorancia que abre mis expectativas. Y, tan solo a la entrada, me encuentro con “Miro una foto que me sacaste en el viaje a Chile / donde tengo puesta la polera verde / y tu gorro; aunque no se vea estábamos / sentados frente a un río.” Estos versos del poema “Desapego” me inducen a un estado de intimidad reflexiva que no me esperaba, pero que recibo con familiaridad. Debe ser porque menciona los ríos de Chile, pienso. Debe ser porque me está contando una historia que reconozco, vuelvo a pensar. Y ya estoy convencida que es un libro perfecto para interpretar, porque –de algún modo– he sido interpretada yo en él.

Hay algo en estos versos que hace que me parezcan un espejo. Debe ser la referencia al psicoanálisis, a la melancolía como neurosis narcisista, a Radiohead, a la pérdida –todo me es tan familiar, insisto–. Hay, también, en estos versos, un esqueleto oriental que me fascina –porque me fascina todo lo que no puedo hacer, como escribir una historia en tres líneas–.

Siento, por estos versos, una empatía inmediata que me impide tasarlos en su envergadura teórica, por que ya estoy sufriendo por una chica que se ha ido, y por que soy, también, el tipo que le escribe Extraño tus fantasías antropófagas, como cuando / me decías que te querías comer mis ojos. / Extraño tu locura por el chocolate, /tu gordura, tu manía de llevarte / cosas a la boca y tus petes” –voy donde mi hermana que vivió en Argentina y le pregunto qué son los petes–.

Hay, a través de estos versos, una historia necesaria, entre árboles sin hojas bajo la lluvia del invierno; el relato de una pequeña gran tragedia citadina de desamor, contado por medio de postales, fotogramas, micrometrajes poéticos, a veces en verso, otras en prosa, ¿Qué era el amor?- / estar secándome / en la ducha viéndote / hacer pis”. Hay, en estos versos, una redondez de haikú. Me he sonreído dos veces mientras los leía frente al computador. Porque ahora soy la chica que se ha ido y soy el tipo que la extraña. He logrado verme en el espejo.

Tras la historia del pibe que llora a su gata, está también la evidencia del paso a la adultez mediante la tragedia, el tópico del viaje iniciático en el siglo XXI, que termina con un héroe que, luego de sobrevivir a la prueba más difícil, se haya solo, aquejado de una melancolía crónica y listo para enfrentar su futuro como un tipo derrotado y sin ninguna de las herramientas audaces que le daban estilo y sustento a su vida de joven universitario, Los pibes hablan / en inglés, hablan rápido, tienen la mente de un esquizo. Deliran con video – juegos / y maldades para después de la integradora. No da para estar acá- /mejor me voy- si soy un pajero triste.”

A pesar que no sé qué significan carrindanga, cucha, la chota, chuflo, sé perfectamente a qué refieren Burroughs, Kerouac, Lacan, una relación que se fue a la mierda, un invierno que no pasa, una foto vieja. Para ciertas desgracias no se necesitan traducciones. ¿Esperanza? Esto no es un libro de autoayuda, por lo tanto no se desprende de él esperanza alguna. Para ciertos libros no se necesitan más interpretaciones.

De La dialéctica de todas las cosas

Réquiem para un sueño

Pasé de casualidad por la iglesia donde se casaron
mis viejos y sobre la puerta de entrada leí una frase
que me impactó: salva tu alma, decía.
Me da pena por ellos. Eran jóvenes, sonreían,
pensaban que todo estaba bien,
lo dicen sus caras en las fotos.
El mundo era un lugar tranquilo, ordenado,
porque otros antes que ellos se habían ocupado
de que así fuera.
No los culpo, eran jóvenes
y no sabían lo que hacían.

 

El libro puede descargarse completo aquí.

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