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Sobre Bracanalto, de Pablo Cruz Aguirre.

Por Fernando Ortega

Según señala el propio autor en la nota introductoria, este libro trata de antiguos poemas, transcripciones de sueños, bocetos de cuentos, anécdotas personales, ejercicios de taller literario, recuerdos de dudoso origen, visiones urbanas, anotaciones diarias, ideas, etcétera. Bueno, si una cosa deja en claro el gesto de poner “al aire” estos textos de algún modo “personales”, es que la poesía no es género, sino “sentencia del motivo”. De cualquier motivo. Los versos preciosistas fueron sacados de cuajo para dar pie a la belleza que se encuentra en voladas sin pretensión como Un libro con hojas de papel transparente: quien lo abre ve una mancha negra formada por la superposición de las páginas.

En ocasiones resulta tentador dar una clasificación a un texto ya que podemos deducir sin muchos problemas si proviene de una idea, un sueño o un recuerdo, por ejemplo. Y quizá esta misma transparencia solicita una agrupación más sugerente que proponga una dirección en la lectura. Los números correlativos que encabezan cada fragmento (del #001 al #159), ponen en entredicho el carácter un tanto desordenado con el que fueron dispuestos, considerando que son instintivamente fáciles de aglutinar bajo algún criterio de forma o por tipo de texto.

Por otra parte, puedo estar hablando de más y lo que prefiere el lector es ese juego azaroso al estilo galleta de la fortuna. De hecho es mérito abrir cualquier página y poder inmediatamente estar involucrado en un micromundo fascinante. La mayoría en formato de cuento corto, y por ello, muy precisos en su confección. Hay cuentos que me recuerdan en algo el estilo de Refik Algan, en el que temas menores (con la excusa de un tema principal) adquieren gran relevancia y son desarrollados de forma minuciosa, por medio de una especie de zoom. La elección del encuadre y el acercamiento van definiendo el universo interpretativo del autor.

Hay una sana convivencia entre fantasías y vivencias personales que se deducen reales, tanto por la minuciosidad del tratamiento como por la voluntad del autor, que necesita hacer patente la nimiedad de los sucesos a los cuales da acuso de recibo y les otorga un sentido mudo que brilla sobre su apariencia mundana. Para ello recurre al lenguaje del cine en la mayoría de los textos (también los hay bastantes sobre televisión, teatro y danza). De hecho estoy seguro que un buen número de textos del libro pueden ser perfectos argumentos de películas o cortometrajes..

Asimismo, hay un subconjunto que alude al género del spot publicitario. No puedo evitar pensar en los poemas que Alfonso Grez  titulaba como (pausa comercial) en el libro Centrífuga (Ediciones del Temple, 2010). Y es que las brevísimas pero concentradas dosis de persuasión de las que hacen gala los spot publicitarios dan pie para imponer una especie de torcedura, de vista invertida, siendo esto un gesto crítico que raya en la desesperación de saberse inmerso día a día en el torbellino del marketing. Respondiendo a lo mismo, Pablo Cruz Aguirre nos ofrece una exquisita ironía en las sugerencias finales de las descripciones de los spot (esta idea podría utilizarse para tal o tal producto, sugiere el autor) y les imprime un sello de absurda seriedad.

Como martillando nuestro sentido común, se nos presentan seres extraños, situaciones imposibles, pero nunca dudamos de su veracidad.. También hay escenas apocalípticas que sin embargo se imprimen con una carga de cotidianeidad. Estas situaciones y seres extraños quedan en segundo plano cuando el autor trabaja sobre el material mismo que las compone, en otro subconjunto de textos de brillante factura: imágenes puras que a propósito de un “contexto” que se disuelve según este cumple su uso: servir de base para una síntesis de imagen y palabra. Un ejemplo, el #061:  Un enorme trozo de carne o grasa, algo podrida pero aún firme, que las olas han acercado hasta la orilla: casi cúbico, unos cincuenta centímetros de lado y de altura, de color blanco sucio, amarillento o gris. Creo que el texto #084, a su vez dividido en 9 partes, es el mejor ejemplo. Algunas de las partes:

III) El olor del tabaco antes de arder

V) El sabor amargo de las uvas pequeñas, mezcladas con las uvas grandes, más dulces

 VII) Pollos entre las patas de los caballos. La tristeza que produce el olor de las alfombras húmedas. Un tenedor se ha caído dentro de la salsa. Un puñado de clavos de olor apretados en la mano sudorosa de una criada.

En efecto, es un libro compuesto por fragmentos que a su vez pueden contener fragmentos, una composición casi fractal, o de loops infinitos. La misma estructura de los microrrelatos refuerza esta sensación, por ejemplo el texto #121: Una mujer llama a la puerta de una antigua residencia y dice a la dueña conocer la casa por haber vivido en ella. Cuenta una historia que ocupa buena parte de la película. Luego se despide y sigue caminando lentamente por la misma cuadra. Toca el timbre en la casa siguiente y repite la operación.

El efecto que causan los textos sin salida y la tendencia a lo fractal como mecanismo de (des)composición, se complementa de manera inquietante con las situaciones y seres que aparecen de forma imprevista. En un ritmo rápido de lectura, el efecto de acumulación induce a hacer asociaciones entre los fragmentos, incitando una lectura hipertextual que solo en apariencia es lineal.

A lo largo del libro, el autor mantiene una distancia con lo que narra, es un observador analítico, apela a la descripción por sobre la interpretación o el juicio… pero este permanente tono objetivo es una coartada necesaria para que el lector pueda asimilar eso inquietante que nunca se nombra de frente, pero que se percibe cada vez con más intensidad según avanzan las páginas.

Hay algo inquietante en estos textos que se cierran terriblemente, con precisión, sobre sí mismos. En ellos la muerte se disfraza de anécdota; se disfraza de ficción. Ficciones que vivimos de cerca, quizá demasiado: hiperrealidad, simulacro y todo ese embrollo que se sirve del talento de publicistas y guionistas. O del talento del autor, pero en clave de sospecha, en clave de sicólogo que no te dice lo que tienes para que lo veas tú mismo. Con manchas, simbolismos y arquetipos de mente cínica de lector contemporáneo, el mismo lector que notará que el texto #085 (búsquelo inútilmente) es una de las ideas olvidadas que menciona el texto #015: Mientras espero a que llegue el sueño, pienso en todas las ideas que se me han ocurrido y que he olvidado por no anotarlas: ¿Nunca volveré a recuperarlas? ¿Sabré reconocerlas si algún día las recobro o si las veo en otro lado?

Y aunque en mucho orden de cosas “es mejor que sobre a que falte”, no veo la urgencia de sujetar todo atisbo de racionalidad, todo embrión de cosas que ande por ahí queriendo aparecer o ser. Pero eso ya es un criterio personal casi opuesto al espíritu de construcción de Bracanalto (Vox, 2011), una mixtura de objetos dispuestos a volarnos con, en palabras del autor, esas pequeñas cosas rotas que quedan en el fondo de los cajones de los muebles y que reaparecen cada vez que uno los abre buscando alguna otra cosa.

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